En tercer grado, los estudiantes comenzaron a descubrir el fascinante mundo de la división de una manera cercana, concreta y, sobre todo, divertida. A través de actividades lúdicas y el uso de materiales manipulativos como cubos y fichas, comprendieron que dividir no es solo una operación matemática, sino también una acción cotidiana: repartir en partes iguales.
Durante estas actividades, los chicos no solo resolvieron cuentas, sino que se convirtieron en verdaderos protagonistas de su aprendizaje. Participaron en juegos y desafíos en los que debían dividir objetos, agrupar cantidades y resolver problemas de forma colaborativa. Esta experiencia concreta les permitió visualizar y experimentar el concepto de división de forma tangible.
Además, se transformaron en «repartidores», dramatizando situaciones cotidianas que los invitaban a pensar, contar, repartir y, lo más importante, justificar sus decisiones. De esta forma, ejercitaron el razonamiento lógico y fortalecieron su pensamiento matemático, a la vez que desarrollaban habilidades sociales como la comunicación y el trabajo en equipo.
Estas experiencias no solo facilitaron la comprensión del significado real de la división, sino que también demostraron que las matemáticas están presentes en su vida diaria y pueden ser abordadas desde la creatividad, el juego y la alegría.
Así, los estudiantes aprendieron que dividir también puede ser compartir y disfrutar.
Alejandra Olivares
Docente de Español 3er grado
