¿Jugamos?

¿Jugamos?

¿Jugamos?

Si te pregunto, ¿qué observas?, tu respuesta probablemente sería: “el patio vacío o un lugar con juegos”; sin embargo, para nuestros pequeños es un mundo lleno de posibilidades, desde el universo repleto de zombies, la playa para ir a refrescarse, una pista de carreras, un planeta que necesita ser salvado por los superhéroes, el castillo de la princesa, una casa llena de gatitos y, así, una infinidad de ideas.

En esta ocasión quiero dedicar unos minutos para hablar acerca de la importancia del juego en la infancia.  Lo primero que quiero decir, es que lo único que se necesita para jugar es tiempo e imaginación; dejemos que nuestros pequeños se aburran para que surjan las ideas y la creatividad haga lo suyo, y sean capaces de buscar opciones para divertirse. Es un proceso natural que no necesita que los adultos los atiborremos de dispositivos.

Me parece oportuno revisar lo que dicen los expertos, y la Unicef explica que “el juego constituye una de las formas más importantes en las que los niños pequeños obtienen conocimientos y competencias esenciales».

El juego es provechoso. Los niños juegan para dar sentido al mundo que les rodea y para descubrir el significado de una experiencia conectándola con algo que ya conocían previamente. Mediante el juego, los niños expresan y amplían la interpretación de sus experiencias. 

El juego es divertido. Cuando vemos jugar a alguien, a menudo observamos que sonríe o ríe abiertamente. Obviamente, el juego puede tener sus retos y sus frustraciones: ¿A quién le toca primero? ¿Por qué no consigo que este juego de construcción se sostenga? Pero la sensación general es de disfrute, motivación, emoción y placer. 

El juego es iterativo. Ni el juego ni el aprendizaje son estáticos. Los niños juegan para practicar competencias, probar posibilidades, revisar hipótesis y descubrir nuevos retos, lo que se traduce en un aprendizaje más profundo. 

El juego es socialmente interactivo. El juego permite a los niños comunicar ideas y entender a los demás mediante la interacción social, sentando las bases para construir un conocimiento más profundo y unas relaciones más sólidas. El juego invita a la participación activa. Si observamos cómo juegan los niños, normalmente veremos que se involucran profundamente en el juego, a menudo combinando la actividad física, mental y verbal. (Tomado de UNICEF-Lego-Foundation-Aprendizaje a través del juego). 

Por último, me gustaría agregar que la mejor manera de conectar con nuestros hijos es a través de una actividad recreativa, ya que sentirán nuestra cercanía, mejorará su autoestima y generaremos puentes de confianza, comprensión y seguridad, entre otros beneficios. Ahora que reconocemos la importancia del juego para nuestros hijos, comencemos desde ahora : “A las tres se quema la base, una, dos … ”.   

Erika Vázquez 
Psicóloga de Happy Kinder