Iniciaré este artículo con una anécdota. Linares, febrero de 1994. Se disputa la primera ronda del XII Torneo Internacional. Judith Polgar aprovecha para ir al baño mientras su rival piensa, y allí -en el servicio de damas- se encuentra a Gari Kasparov, lavándose las manos. ¿Despiste del Campeón del mundo? No exactamente; más bien, una cuestión de costumbres automatizadas: era el quinto año consecutivo que Kasparov jugaba en Linares, y en los cuatro anteriores no hubo mujer alguna entre los competidores; por tanto, él ganaba tiempo y comodidad utilizando el baño de las damas, que sus colegas frecuentaban menos que el de caballeros.
Judith (en mi opinión, la mejor jugadora de ajedrez que ha existido a la fecha) recuerda la escena:
<Ambos nos miramos, preguntándonos qué hacía el otro allí, aunque por razones diferentes. no me enfadé en absoluto, me pareció una anécdota muy divertida, y al mismo tiempo muy significativa, porque mi presencia en Linares por primera vez iba a cambiar algunas costumbres en los jugadores>.
En mi experiencia como profesor de ajedrez, de casi 10 años trabajando con niños y jóvenes, hasta cierta edad de la niñez, las niñas y los niños juegan a un mismo nivel; incluso puedo afirmar que las niñas juegan mejor hasta cierta edad, digamos que hasta los 10 o 12 años. Después de esta edad, el tema de que si una niña juega peor al ajedrez tiene que ver principalmente con factores sociales, culturales, biológicos, toda una serie de variables a considerar. Solo por citar un ejemplo, durante la transición de la niñez a la pubertad, los cuerpos masculinos y femeninos experimentan una serie de cambios muy complejos que modifican la personalidad de las personas. Uno de los cambios más visibles es que los varones experimentan un aumento en la producción de testosterona en sus cuerpos, por lo tanto, de forma general, tienden a hacerse más competitivos e individualistas en cualquier deporte. Por otro lado, cuando el estrógeno inunda el cerebro femenino, las mujeres empiezan a concentrarse intensamente en sus emociones y en la comunicación: hablar por teléfono, salir con amigas, etcétera. Los intereses cambian.
Actualmente, en el club de ajedrez contamos con dos excelentes jugadoras; espero que sigan aprendiendo y divirtiéndose con este juego. Mi objetivo es alimentar en ellas el gusto por el ajedrez, que se diviertan y que lo hagan parte importante de su vida.
Hablar de este tema en particular requiere más que un artículo, el tema nos da para escribir por lo menos un libro. Mi objetivo en esta ocasión es más bien despertar la curiosidad en nuestros lectores e invitar a los padres a que inscriban a sus pequeñas al club de ajedrez.
Adrián Dávila
Ajedrez
